Carta a los miembros de un jurado

Además de a Antonio Prieto, está carta se envió a Luis María Anson, Carlos Pujol, Juan Eslava Galán y Fernando Delgado, adjuntándoles separata, con el trabajo sobre la novela Lobas de Mar, de Zoé Valdés, que publicamos en nuestro número anterior.

Profesor Prieto: le adjunto el exhaustivo análisis crítico que el profesor chileno Hernández Valle, de la Universidad de Vermont, USA, ha realizado de la novela “Lobas de mar”, de Zoé Valdés, a la que un jurado del que usted formaba parte otorgó el premio Fernando Lara, razón por la cual estuvo varios meses en la lista de libros más vendidos.

Usted, don Antonio, es escritor de novelas y profesor universitario. Es imposible que no ame la literatura, esa literatura que constituye el más rico y sólido patrimonio de la cultura española y al que la “industria cultural”, que antepone las ganancias económicas a los valores del espíritu, convirtiendo el libro, del portador de valores estéticos y éticos que siempre fue, en un valor de cambio, en una mercancía, está haciendo un daño que amenaza con ser irreparable.

El público español, que ocupa el segundo lugar, detrás del griego, entre los que menos leen, carece de criterio, y los manejos de la mencionada industria lo han llevado al convencimiento de que lo que ensalzan el marketing y la publicidad directa y subliminal es lo que vale la pena, siendo así que lo que ensalzan es un neocostumbrismo sustentado en una estética obsoleta y una especie de memorialismo doméstico, que cubre una carencia total de imaginación. Por ende, ni los productos de aquél, ni los de éste, alcanzan el nivel mínimo de calidad exigible. Al tiempo, todos los intentos de literatura seria, enjundiosa y formalmente a la altura

de los tiempos, permanece en las cavernas de lo desconocido, editado por pequeñas editoriales que nada pueden contra la presión que las grandes ejercen sobre los medios, la distribución y las librerías.

Verá que el profesor Hernández Valle demuestra que la novela “Lobas de mar”, por usted lanzada al éxito, es un auténtico desastre en todos los sentidos; difícilmente podría serlo más. Ante esto, permítame que le diga que su actitud no es digna de lo que representa. Espero hacerle reflexionar. Un saludo.

Mary Luz Bodineau

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